viernes, 5 de noviembre de 2010

OTOÑO EN LA HÍPICA

Este último miércoles habiendo amanecido con un sol resplandeciente y, debido al cambio de hora que tuvimos el pasado fin de semana, a las ocho de la mañana, pensando que ya eran las nueve salí de casa para hacer la compra, ya que los miércoles hay mercadillo en el pueblo. Lógicamente me encontré con todo sin montar, sorprendida miré el reloj del campanario de la iglesia y ahí me percaté de mi error.
Regresé a casa y me puse a hacer las cosas habituales de un ama de casa, lo que soy,  y cuando calculé que ya estaría todo montado volvía a salir, enseguida hice la compra ya que todavía no había empezado a ir la gente.
 A las once de la mañana, ya con todo hecho y con el día tan bonito que nos hacía, me puse las botas, y caminado me fui a la hípica que por suerte tengo a diez minutos de casa.
Así que la ruta que os voy a mostrar a continuación va a ser algo distinta, no la he hecho montada en el coche como es lo habitual, esta la he hecho montada en un caballo.
En Navarrete, el pueblo que vivo desde hace casi tres años, tiene una hípica y montar a caballo, era una cosa que me apetecía hacer, la pasada primavera junto con mi amiga Carmen, empezamos las dos a asistir a clases.
Poco a poco hemos ido cogiendo experiencia y ya últimamente hacemos algún que otro recorrido trotando, con el consabido dolor de culo que tenemos al día siguiente.
Al llegar allí, no tuve que llamar  a la puerta ya que sus perros les alertaron de mi llegada, Catherine y Juanma, los propietarios de la hípica, enseguida salieron a saludarme, no hace mucho que los conozco, pero ya los considero como unos buenos amigos. Ella es de Suiza, aunque lleva viviendo en Navarrete mas de veinte años y el es vasco, los dos forman una pareja encantadora.





Juanma, me mostró estas preciosas flores de azafrán a punto de recolectar, que tienen en su jardín debajo de unos manzanos, como si de flores silvestres se tratasen

La verdad es que viven en un sitio privilegiado, con este precioso paisaje que cambia de color en cada estación, y ellos tienen la suerte de ver todos los días del año.
No sólo ven el paisaje, sino que cada día pueden disfrutar de sus amaneceres.


Mientras Catherine, acababa de hacer algunas cosas, aproveché para hacer estas fotos del porche de su vivienda con las hojas de parra cambiando su color.
Desde el interior del porche descubrí esta bonita vista del pueblo con su campanario.
Cando llegamos a las cuadras, los caballos se encontraban fuera de ellas, donde pueden caminar, tumbarse en la tierra, comer las ricas zanahorias que Juanma les echa y disfrutar de la naturaleza.
Muchas veces los encontramos tumbados en el suelo y retozándose sobre la tierra, disfrutando como niños.
Catherine eligió a Paco y a Escarcha para salir a pasear


Los metimos en el establo para colocarles las sillas de montar. Antes se les tiene que cepillar para quitarles toda la tierra o barro que lleven pagada a la piel ya que se podrían hacer alguna rozadura. Catherine, se encargó de Paco y yo me encargué de cepillar a Escarcha esta preciosa yegua, que nunca antes había cabalgado con ella.
La verdad es que todavía me dan un poco de miedo, o mas bien respeto, la cepillé con cuidado y después Catherine, se encargó de ponerle la silla.
Una vez ya todo preparado nos montamos en ellos, y las dos salimos a cabalgar.




Por estos maravillosos parajes, como os digo cada día que lo hemos hecho nos han parecido una maravilla, en primavera, verano y ahora en otoño con sus colores rojos, amarillos, ocres ¡Son una pasada!
Los de invierno todavía no los conozco ya que empezamos a cabalgar la primavera pasada. 




La dos solas recorrimos los alrededores, caminando entre los viñedos. Como el pasado fin de semana llovió, pudimos ver pisadas de corzos y de jabalíes marcadas en el barro de los caminos. También vimos un grupo de unas seis perdices, que emprendieron el vuelo al acercarnos a ellas. Otras veces hemos llegado a ver conejos.  


Al tiempo que cabalgábamos íbamos acercándonos a las inmediaciones del pantano de Valvornedo, que pertenece al pueblo de Navarrete, otras veces nos hemos metido por la orilla, cosa que a algunos caballos les gusta y al hacerlo comienzan a chapotear salpicándonos con el agua. Allí muchas veces solemos ver pescadores.


 Hace poco Carmen me pasó más de cien fotos que ella ha hecho durante todo el tiempo que hemos estado yendo. Ella ha sido la que siempre ha llevado la máquina y la encargada de hacer la mayoría de las fotos, a mi me daba miedo soltar las riendas.

Por lo visto al haber estado mirando tantas fotos, y algunas de ellas tan bonitas, que al verlas pensaba ¡Que cuadro tan bonito podría quedar con esta foto" Como una  de ellas que está Catherine agachada  cogiendo claveles silvestres y en la otra mano sujetando al caballo.

Pues esa noche soñé que yo había pintado una serie de cuadros todos relacionados con el tema de la hípica, y los exponíamos en su centro. En su porche, los corrales, las cuadras, colgando de sus árboles Hasta había un camino que indicaba la entrada, todo iluminado con farolillos.
La verdad es que fue un sueño que me dejó muy contenta y todo el día estuve pensando en él, antes solía pintar y ya llevo un tiempo que me está entrando el gusanillo de volver a retomar esa afición que antes me ocupaba la mayor parte de mi tiempo libre.
Así que entre campos de viñedos y de olivos le conté mi sueño a Catherine, muchas veces se dice que los sueños se cumplen ¡Ojala este se cumpla!


Ya de regreso, les quitamos, bueno mejor dicho ella les quitó las sillas a Paco y a Escarcha, que debido al día que hacía llegaron muy sudados.

Contenta por el paseo tan bonito y cargada con una bolsa llena de manzanas recién cogidas de uno de sus árboles, regresé hacia mi casa.