domingo, 9 de octubre de 2011

TIEMPO DE VENDIMIA - La Rioja

Como todos los años por esta época, por las calles de los pueblos de La Rioja que viven de los viñedos, se escucha el traqueteo de los motores de los tractores circulando repletos de la uva que los vendimiadores están cosechando en los viñedos. Durante los días que dura la vendimia, los efluvios de la uva, ya cosechada invaden nuestras calles. Eso es lo que siento y lo que veo desde que vivo en Navarrete durante los días que dura la vendimia.


Desde que que me vine a vivir aquí, siempre decía que me encantaría poder ir a vendimiar, y uno de mis vecinos que tiene viñedos y además vive de ellos, siempre nos animaba a mi amiga Carmen y a mí a hacerlo. Así que el año pasado, un domingo y coincidiendo con el de hoy, a vendimiar que nos fuimos las dos. Tuvimos la mala suerte de que amaneció lloviendo, pero afortunadamente conforme iban pasando las horas dejó de llover.

Cuando llegamos al viñedo nos encontramos a toda la cuadrilla ya en plena faena.

Javi, el "Jefe" de la cuadrilla, enseguida nos asignó a cada una un cesto y un corquete, materiales imprescindibles y como uno más nos pusimos a cortar los racimos de uva que colgaban de las cepas y los íbamos depositando en los cestos de goma, qué una vez llenos, otro se encargaba de ir cambiando por otro vacío.   

Esta es Petri, toda forrada de plástico, para protegerse de la lluvia que había caído a primeras horas de la mañana.

Vendimiadora


Nido
Cubierto entre las hojas y sobre una rama de una vid, me encontré este nido ya vacío.

Y aquí estoy yo, entre los viñedos y con el pueblo de Navarrete al fondo

Para mí el ir a vendimiar fue un juego y un capricho, pero tengo qué reconocer que para el que se tiene que ganar el pan con este trabajo y qué tiene que estar bajo el sol, o cubiertos de plásticos por la lluvia, es muy duro.
Lo mejor de todo fue el momento que compartimos con todos ellos cuando regresamos a Navarrete, todos juntos  comimos en su bodega la comida que Petri ya había dejado preparada antes de irse a vendimiar. Tengo que decir, que después de la comida toda la cuadrilla volvió al campo y nosotras dos a nuestras casas. Por eso y a pesar de que estuvimos trabajando como uno más y nos cansamos un montón. Para mí esta experiencia fue un capricho.