miércoles, 12 de junio de 2013

OLIVÁN - Robres del Castillo, La Rioja

 Han sido dos las veces que hemos tratado de pisar las calles del despoblado de Oliván, pero por el momento nos ha sido imposible. Aunque espero, que se cumpla lo que el dicho dice: "a la tercera será la vencida"

A esta distancia de Oliván nos quedamos la segunda vez que lo intentamos, y eso que seguimos muy bien todas las indicaciones que encontramos para llegar hasta allí. 

La primera vez, fuimos hasta Robres del Castillo, pueblo al que pertenece, llegamos hasta el riachuelo y cruzamos con nuestro coche los restos del pequeño puente de madera que antes allí había.
Después seguimos la empinada senda que bordea el barranco, y que supuestamente nos iba  a llevar al despoblado de Oliván.


Una vez que llegamos a la cima, aparcamos nuestro coche para continuar caminando. Atravesamos un cercado, ayudándonos con este artesano y muy ocurrente enganche.


Al poco de ir caminando, el camino desapareció ante nosotros, y como no sabíamos por dónde continuar, nos volvimos por donde habíamos venido.

No sin antes fotografiar lo que a mi me pareció que era la ermita de Nuestra Señora del Rosario

Bastante desilusionados decidimos volver sobre nuestros pasos  y dejarlo para otro momento. 


La segunda vez que lo intentamos fue cuando estuvimos visitando los pueblos de el Alto Jubera. Aquí os dejo un plano de toda la ruta que hicimos esos días, aunque el primer día no lo llevamos con nosotros. Ese día pensé que era porque mi marido ya conocía el camino, pero no, además de olvidarnos el agua, también nos lo dejamos en casa.
Esta vez volvimos a dirigirnos hacia Robres del Castillo, desde allí tomamos la carretera LR- 477 que lleva a Santa Marína, y desde allí sin entrar en el pueblo nos metimos por el camino de tierra que lleva a todos los pueblos de las "alpujarras riojanas" que os mostré en las entradas anteriores, La Santa, Ribalmaguillo, La Monjía
En Google vimos que desde ese camino salía otro que llevaba a Oliván, así que hacia él que nos dirigimos. Cuando vimos que ya no se podía ir con el coche, lo aparcamos y continuamos caminando.


Pero por desgracia, cuando ya teníamos Oliván al alcance de nuestra mano, los matorrales y las malas hierbas nos impedían el paso y, por más que buscamos un sendero que nos llevase hasta él, no lo encontramos. Así que desistimos y lo dejamos para otra vez.



Esto es lo más cerca que hemos estado de este pueblo. Pudimos escuchar los cencerros de las vacas que caminaban por sus calles, ver sus casas y su iglesia que un día estuvo dedicada al culto de San Sebastián en ruinas, pero esta vez tampoco pudimos pisar sus calles.