miércoles, 9 de noviembre de 2011

CABRETÓN - Cervera del Río Alhama, La Rioja

Cabretón es un pueblo joven, se fundó en el S. XIX, y es uno de los cinco barrios de Cervera del Río Alhama, del que depende administrativamente.
De él se cuenta que en un principio sus habitantes vivían en pequeñas casas construidas en sus propias fincas, hasta que una familia llamada "Los Cabreros" -de ahí su nombre-, construyeron varias viviendas juntas a las que el resto de los pobladores se fueron uniendo y así se formó el casco urbano.
Todavía se pueden ver las antiguas viviendas, algunas de ellas reconstruidas y que se utilizan como casas de campo

Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, data del año 1931, de estructura moderna

La aldea de Cabretón se encuentra en el valle del Río Añamaza y rodeada de montañas

Se llega por la carretera que une Cervera del Río Alhama con Valverde

Como podéis apreciar la mayoría de sus viviendas están construidas en piedra

Comparte con Cervera del Río Alhama y con algunos de otros de los barrios que componen dicho municipio la Vega del Río Añamaza, el pantano con el mismo nombre y pistas para los amantes del senderismo. 

Saliendo de Cabretón, dirección Valverde se encuentra la "Botica de los Moros" en donde se pueden admirar unas ruinas de la época musulmana.

Puertas y ventanas entre paredes de gruesos muros construidos en piedras, que protegen la vivienda en los días fríos del invierno y que la mantienen fresca en los calurosos días del verano.
El patrón de Cabretón es San Isidro Labrador y sus vecinos celebran la "Fiesta del mayo" o "Fiesta del agua" el 15 de mayo, ya que el 13 de mayo se conmemora la traída del agua al pueblo.
 

Pueblo que se encuentra entre los Montes de Sangarrén, Peña Amarilla, Las Navas o La Merina y los barrancos de Valdeviruelas.
También celebran el día de la Virgen del Carmen, y el último fin de semana de septiembre las vaquillas y el toro ensogado corren por sus calles. Durante esos días se celebra una comida popular y degustaciones en la misma plaza del pueblo

Paredes encaladas y puerta protegida por una cortina estampada de tonalidades rosas

Cobertizo y arado
En su entrada hay una Almazara de aceite ecológico.

Llegamos a Cabretón procedentes de Valdegutur, otro de los barrios de este municipio y justo a la entrada nos encontramos con el Convento de las Madres Carmelitas, uno de los pocos conventos de clausura que todavía perduran en España, en la actualidad cuenta con unas 17 hermanas.
Siempre que escucho algo relacionado con las monjas de clausura me viene a la memoria recuerdos de mi infancia. Ya os he comentado alguna vez que de pequeña estuve en un internado en Valencia, y casualmente, justo al lado de mi colegio había un convento de monjas de clausura. Tenían un huerto muy grande en donde solían cultivar sus hortalizas y se veía desde unas de las ventanas de nuestro dormitorio. A pesar de que las monjas nos decían que no les podíamos decir nada, nosotras siempre que podíamos y a escondidas, nos asomábamos y les llamábamos, sobre todo a las novicias, que las diferenciábamos por el hábito. Para nosotras el hecho de que nos mirasen y además nos saludasen, sabiendo que eran una monjas qué no salían a la calle y qué no hablaban con la gente, era toda una hazana.
También en mi pueblo había otro, justo en mi calle y en el mismo centro, y lo tuvieron que trasladar a otra localidad, se estaban construyendo muchas edificaciones a su alrededor y todos las podían ver desde sus viviendas, y creo que ellas se quejaban de que no tenían intimidad. Ese es el motivo que yo siempre he escuchado. Ahora ese edificio ha quedado como una casa de cultura para todos los vecinos de Manises.
Recuerdo que de pequeña, solía ir con mis amigas, y llamábamos de una pequeña campanita y a través de una ventana les pedíamos unos escapularios, que ellas nos regalaban, y salíamos todas contentas con ellos colgados de nuestro cuello.

Cuando íbamos por la carretera hacia Cabretón, pude observar que los montes que rodean toda esa zona, tenían muy poco arbolado, en su mayoría están cubiertos de matorrales como el espliego, romero, tomillo, aliaga, etc. No sé si el nombre de las ruinas que allí se conservan, conocidas como "La Botica de los moros" tienen algo que ver, con el hecho de que ellos utilizaban todas estas plantas para uso médico.
Lo que sí que pude ver y muy cerca de la carretera, eran olivos y muchos almendros, y una de las cosas que me llamó mucho la atención, y qué para mí era la primera vez que lo veía, fue ver que en muchas de las ramas de los almendros habían crecido ramilletes de Muérdago



Muérdago
Y para mi sorpresa, al caminar por las calles de Cabretón vi en muchas de las puertas de sus viviendas el muérdago colgando de ellas.
De este ramo arranqué una ramita, que todavía conservo, y que el día de santa Lucía quemaré en la chimenea.
La tradición dice que lo has de quemar ese día, ya que así santa Lucía te conservará la vista. La tradición cuenta, que todos los años por Navidad alguien tiene que regalarte un ramillete de muérdago, y tienes que tenerlo todo el año colgado encima de una puerta, y el día de santa Lucía se debe de quemar. No sólo santa Lucía es la patrona de los ciegos, si no también de las modistas ya que antiguamente ellas, se "quemaban" la vista cosiendo.

Otro bonito rincón con el muérdago colgando en su entrada.

Y para espantar los malos espíritus, esta Flor de Sol

Se suelen colocar en las puertas de las casas, sobre todo en las del país vasco. Se hace para evitar que el rayo caiga en la vivienda, también para ahuyentar a las brujas, en la creencia de que éstas no podrían entrar en ella antes de haberle quitado todas las hojas, tarea en la que se les irá el tiempo y amanecerá, teniendo que volver a sus refugios subterráneos. En otras versiones se cuenta que el poner esta planta en la puerta del caserío les hace creer que era el mismo sol y qué ya despuntaba el alba, por lo cual debían retirarse a sus cuevas.


Mientras caminaba por sus tranquilas calles, una mañana del pasado mes de febrero, escuché el sonido de unos golpes, y por curiosidad, me acerqué para ver de qué se trataba, y me encontré con esta cabretonera, sentada al calor del sol en la puerta de su casa, picando almendras.