domingo, 7 de mayo de 2017

UN CACTUS COMO REGALO DEL DÍA DE LA MADRE - Asiento de Suegra

Hoy Google en su buscador nos ha puesto unos cactus y, eso me ha hecho recordar el cactus qué, tal día como el de hoy hace 35 años, mi hijo me regaló como regalo por el "Día de la Madre"

Echinocactus grusonii comúnmente llamado Cactus Asiento de Suegra, Bola de Oro, Barril de Oro o Cactus Erizo

Por aquél entonces vivíamos en Palma de Mallorca y ese día nos fuimos a pasear, y al pasar por Las Ramblas de las Flores, me lo compró y me lo regaló. Era tan pequeño que la maceta le cabía en la palma de su mano. Héctor entonces tenía tres años.

Y mirar ahora lo grande que está, lleva conmigo desde entonces. Bueno, en realidad eso no es cierto este cactus que se le conoce "como el asiento de la suegra" es un superviviente. En el 94 del siglo pasado nos tuvimos que ir a vivir fuera de España y, cómo no sabía qué hacer con él, ya que llevármelo en la maleta no era nada apropiado, lo dejé en el balcón de casa. La verdad es que me dio pena dejarlo, pero es que nadie se lo quiso quedar, así que el pobre cactus solito se quedó.

Pero para sorpresa mía cada vez que venía a España, allí que lo veía, la tierra completamente seca, pero él vivito y coleando, y solo en el balcón y sin ningún cuidado, 9 años que aguantó. 


Ahora ya no está solo, le acompaña el cactus de mi padre. Hace ocho años, cuando mi padre falleció, mi madre me lo regaló, y me hizo mucha ilusión, ya que también llevaba en casa desde finales de los 70 cuando él se lo trajo de Canarias. Creo que debió de coger un hijito de otro cactus, nos viene de familia, lo de ir cogiendo esquejes, y semillas.


Éste es otro de los supervivientes que también se quedó en mi balcón. Ahora lo tengo en mi jardín, ya mide más de 2 metros y, gracias a este invento, he conseguido que no se hiele en invierno.
A continuación os muestro varios de los cactus que he tenido que abandonar, ya que por motivos de traslado no me los podía llevar conmigo.







Cactus Candelabro

De éste me traje uno de sus hijitos, lo tuve en Barcelona, y era tan grande, que cuando me tuve que venir a La Rioja los de la mudanza no quisieron cogerlo por miedo a pincharse, así que cogí un cuchillo, corté un trozo, lo envolví en una toalla y el resto lo dejé allí.

Pitera

Un rincón de mi jardín